Ermita del Calvario/del Rollo en Bordón

BORDÓN
Categoría: BIENES INMUEBLES
SubCategoría: ARQUITECTURA RELIGIOSA
SubSubCategoría: Ermitas

Sita en Bordón, la primera cita que hemos localizado sobre la ermita del Calvario, la encontramos en la obra de Pascual Madoz, quien la describe como destruida en el año 1812, y de la que sólo quedan los muros exteriores. De similar circunstancia nos informa una visita pastoral realizada en el año 1849, donde se dice que fue ocupada por un cuerpo de guardia que quemó la puerta y la ventana, siendo ambas tapiadas. Una lápida, dos mesas y un cuadro se trasladaron a la iglesia parroquial. En la actualidad popularmente es conocida como ermita del rollo, debido a la celebración que allí se realiza en la Pascua de Pentecostés, cuando el Ayuntamiento ofrece a los asistentes un rollo de pan con anís y se come conejo con caracoles.

Sin embargo, en una visita pastoral transcrita por Pascual Martinez Calvo, correspondiente a los años 1597 a 1601, se describe como única ermita en Bordón la del Santo Sepulcro. Consideramos que dada la iconografía de la conocida actualmente como ermita del Calvario en las pinturas que pasaremos a describir, es bastante probable que se trate de la misma para los dos casos y que se haya producido un cambio de denominación.

Esta ermita se asienta sobre un promontorio próximo al casco urbano de la población. Es una obra de mampostería, de una nave dividida en tres tramos por dos arcos diafragma de medio punto. Se cubre con una cubierta de madera a dos aguas y dispone de coro alto a los pies. El vano de acceso se abre en el tramo central del lado sur.

La curiosidad de la ermita es que, acorde con su uso dentro de las celebraciones de la Semana Santa de la localidad, en la que se realiza la tradicional subida al Calvario, se diseñó incorporándole un espacio devocional para el uso de los fieles. Como si de una cripta se tratase, bajo el altar mayor se reservó, a buen seguro a la vez que se construía la ermita, un espacio mediante el que potenciar el valor devocional del lugar, aportándole como valor añadido un espacio iniciático mediante el que hacer partícipe a los fieles del misterio de la resurrección de Cristo.

Se trata de un ámbito abovedado. Dispone de doble acceso, a izquierda y derecha de la cabecera de la ermita, junto al altar mayor. Consideramos importante incidir en esta circunstancia, ya que es la que explicaría el orden y disposición de las escenas. También explicaría la experiencia visual y la experiencia espiritual de la obra de arte por parte del espectador. El acceso se practicaría por la derecha. Podemos imaginar cómo, de forma ordenada y recogida, los fieles irían bajando por las escaleras, presentándose ante la escena central del fondo, iluminada por una ventana colocada justo enfrente. Visualizarían las escenas de la pasión de Cristo, los grandes soldados, las innumerables cabezas de ángeles… Finalmente, subirían por la escalera y saldrían a la ermita de nuevo por el lado izquierdo. Sin duda una aportación arquitectónica, de finalidad simbólica, que se incorpora, extendida desde los grandes espacios devocionales y de peregrinaje de la Roma del siglo XVI, por todo el occidente cristiano.

La sencillez de la arquitectura del edificio no nos permite emitir con seguridad ningún juicio cronológico categórico. La planta rectangular con arcos diafragma y cubierta de madera a dos aguas es consustancial a los procesos constructivos baratos y rápidos, pero no a una fecha determinada. Su mampostería irregular, el tipo de vano de acceso, y sobre todo la luz de los arcos diafragma, la alejan no obstante de los siglos medievales y la hacen más próxima a las técnicas y métodos posteriores. Lo único seguro es que ya estaba erigida a principios del siglo XIX. A diferencia de otras ermitas del entorno, ya citadas, no atiende a ninguna corriente barroca, en las que tanto se apreciaban las plantas centralizadas, o las decoraciones de yeserías. Como ya hemos dicho, nos parece obligado pensar que capilla subterránea y ermita se construyeron a la vez, y ambas dentro del espíritu de creación de espacios de peregrinación y experimentación de la fe cristiana promocionada por las órdenes religiosas. Por ello nos parece adecuado datar el edificio dentro de las últimas décadas del siglo XVI.

Autor: Sofía Sánchez Giménez y Pedro Luis Hernando