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Los últimos herreros del Maestrazgo

El oficio de herrero fue durante mucho tiempo una ocupación imprescindible para un pueblo, de manera que prácticamente todos tenían una herrería. Los municipios incluso fomentaban – con la donación del fuelle o «mancha» – el asentamiento de un artesano de estas características para que la población pudiera contar con los innumerables servicios y productos que esta figura traía consigo.

A partir de 1855 es cuando podemos situar su declive produciéndose la desamortización y subasta de las herrerías que dejaron de contar con la protección tradicional. Los herreros eran los productores de una gran cantidad de utillaje que se empleaba tanto en la cotidianeidad del hogar así como mayoritaria y dependientemente, en el resto de oficios.

En este sentido, la agricultura estaba estrechamente vinculada con la actividad de los herreros, la elaboración de herramientas así como el herrado de las caballerías, era una tarea imprescindible que el herrero realizaba. Incluso, dadas las características del poblamiento, el herrero partía hacia las masadas con el fin de facilitar in situ, las herraduras y herrado de los animales durante el estío.

La herrería como local, tuvo una fuerte función de reunión social en los pueblos. Durante el invierno, era un espacio cálido en el que poder encontrarse un buen número de personas para conversar.

La Comarca del Maestrazgo ha recopilado a través del trabajo del etnólogo Félix Rivas, esta labor indisociable y necesaria a todo asentamiento humano para explicar la forma de vida más reciente, previa a la segunda industrialización. Se vale para ello de la entrevista y elaboración documental basada en los testimonios de los últimos herreros de la Comarca (Cantavieja, Cuevas de Cañart, Iglesuela, Mirambel y Molinos). El valor de su información, como últimos eslabones de una trayectoria y probablemente como últimas personas en activo de su oficio, es incalculable.

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Herramientas

Las herramientas

Se conocen dos tipos de herrerías en el Maestrazgo. Uno era un local dedicado exclusivamente a esta actividad y que solía contar al lado con un porche abierto para herrar las caballerías. Es posible que este tipo sea el más antiguo y, de hecho, en dos ejemplos (Fortanete y Pitarque) se conserva la baldosa de cerámica de finales del siglo XIX en la que se identificaba el uso del local como herrería.

El otro era simplemente el corral o el patio de la planta baja de una vivienda que se adaptaba para su uso como lugar de trabajo. De cualquier modo siempre suele ser un espacio con escasa iluminación, a veces solo la de una ventana, la de la puerta si permanecía abierta y la del fuego de la fragua.

Precisamente gracias a este fuego, las herrerías eran en invierno de los pocos lugares públicos donde reinaba buena temperatura por lo que podía convertirse en lugar de reunión y tertulia improvisada entre algunos vecinos.

Llave

Llave de la cerradura de la entrada principal de la iglesia de Montoro de Mezquita. Es de hierro forjado. Presenta una cabeza hueca que permite su asido y colgado. Se prolonga con un listón que primero es de sección rectangular y después se vuelve de sección circular. En su extremo opuesto tiene dos apéndices con sendos rebajes para encajar con la cerradura.

Mide un total de 20 cm de longitud. La cabeza tiene 5 cm de longitud y una anchura máxima de 6, cm. En la parte ancha del listón y cerca de la cabeza presenta una marca de herrero con el texto GALINDO incisa en el hierro y seguramente realizada mediante la aplicación de una cuña o marca de herrero.

El apellido que aparece en la inscripción coincide con el de los dos últimos herreros (padre e hijo, ambos llamados Joaquín) de la cercana localidad de Pitarque, de los que el último ejerció su oficio hasta la década de 1970, por lo que puede suponerse que la llave debió de ser fabricada por uno de ellos o tal vez por otro antepasado de ambos.

Se encuentra en buen estado de conservación y en uso.

Pujamante o pujavante

 

El pujamante o pujavante es un instrumento usado por los herradores para recortar la pezuña de las caballerías y animales de carga antes de herrarlos.

Con esta herramienta se recortan las partes duras de la uña del animal para alinear la superficie de la pezuña y que la herradura asiente correctamente.

Se compone de un mango de madera rematado en un pequeño abultamiento. En el mango se encaja una pieza de metal que forma ángulo recto, con una especie de espátula recta y plana rematada en cuchilla en la parte inferior y un pequeño disco de metal en la superior. El extremo abultado del mango se apoya en el hombro de tal manera que haciendo fuerza con él, la cuchilla rebaja las partes duras de la pezuña sin mucho esfuerzo.

Este pujamante es propiedad de José Cerdán, herrero de Cantavieja, quien comenzó su actividad en la localidad el año 1975.

Su longitud total es de 30 cm, midiendo el mango 11 cm y la espátula 14 cm de longitud y 7 cm de anchura.

Se encuentra en buen estado de conservación y con las pequeñas huellas de su uso habitual.

Puntero

 

Pieza utilizada para el trabajo de los metales en la herrería tradicional. 

En concreto, este puntero era el usado para hacer los agujeros de las herraduras que posteriormente se ponían en las caballerías.

Está compuesto por un mango de madera, de 49 cm de longitud y unos 2 cm de diámetro, de madera de «zarza galabardera» muy apropiada gracias a su propiedad de que podía astillarse longitudinalmente pero presentaba una gran dificultad para facturarse trasversalmente.

En uno de los extremos de este mango se inserta una pieza de hierro de unos 10 cm de longitud, a modo de pequeño cortafríos, de sección cuadrada, con una cabeza en uno de sus extremos para hacer tope en el mango y el otro extremo acabado en forma de pirámide cuadrangular.

Además dispone de unas placas alargadas de metal que rodena la zona para sujetar el fragmento de hierro. Este puntero es propiedad de Emiliano Domingo, herrero de La Iglesuela del Cid, quien comenzó su actividad en la localidad a comienzos de la década de 1960, siendo él mismo quien fabricó la pieza consiguiendo la madera y uniéndola al puntero propiamente dicho ya elaborado.

Se encuentra en buen estado de conservación y con las pequeñas huellas de su uso habitual.

Tenazas o estenazas

 

Tenazas o estenazas para el trabajo de los metales en la herrería tradicional.

Está compuesta por dos vástagos de sección circular acabados en sección rectangular y unidos por un remache en el punto en que se cruzan entre si.

Su empleo consistía en facilitar las operaciones de prender las piezas de hierro calentadas al fuego y trasladarlas entre la fragua, el yunque y la pila de agua. También se utilizaban para el herrado de caballerías.

Estas tenazas son propiedad de José Cerdán, herrero de Cantavieja, quien comenzó su actividad en la localidad el año 1975. Están elaboradas completamente con hierro como materia prima, posiblemente por su propio dueño. La longitud total es de 34 cm, siendo su empuñadura de 27,5 cm de larga. El extremo que sirve de pinza presentaa sus brazos convexos y tiene 6 cm de anchura.

Se encuentran en buen estado de conservación y con las pequeñas huellas de su uso habitual.

Está compuesta por dos vástagos de sección circular acabados en sección rectangular y unidos por un remache en el punto en que se cruzan entre si.

Su empleo consistía en facilitar las operaciones de prender las piezas de hierro calentadas al fuego y trasladarlas entre la fragua, el yunque y la pila de agua. También se utilizaban para el herrado de caballerías.

Estas tenazas son propiedad de José Cerdán, herrero de Cantavieja, quien comenzó su actividad en la localidad el año 1975. Están elaboradas completamente con hierro como materia prima, posiblemente por su propio dueño. La longitud total es de 40 cm, siendo su empuñadura de 32 cm de larga. El extremo que sirve de pinza puede presentar sus brazos convexos y tiene 7,5 cm de anchura.

Se encuentran en buen estado de conservación y con las pequeñas huellas de su uso habitual.

Conjunto de cinco tenazas

Cada una de ellas está compuesta por dos hojas alargadas unidas por un remache en el punto en que se cruzan entre si. Las hojas son se sección redonda aunque suelen aplanarse en el extremo que sirve para hacer la pinza.

Cada una de ellas era la más indicada para alguna de las faenas de la herrería tradicional como fabricar bisagras, manejar herraduras y elaborar azadas. En general su empleo consistía en facilitar las operaciones de prender las piezas de hierro calentadas al fuego y trasladarlas entre la fragua, el yunque y la pila de agua.

Este conjunto de tenazas es propiedad de Enrique Ferrer, herrero de Mirambel, quien comenzó su actividad en la localidad el año 1965, siendo él mismo quien las fabricó en los primeros momentos de comenzar su oficio.

Están elaboradas completamente con hierro como materia prima. La longitud total de las tenazas varía entre 57 y 63 cm, siendo su empuñadura en todos los casos de en torno a 50 cm de larga. El extremo que sirve de pinza puede presentar los brazos rectos, convexos o girados.

Se encuentran en buen estado de conservación y con las pequeñas huellas de su uso habitual.

Yunque

 

Es un prisma de hierro acerado que servía de base para trabajar los metales golpeándolos con un martillo.

Este yunque perteneció a Enrique Calvo, establecido como herrero en Cuevas de Cañart hacia mediados del siglo XX pero natural de Villarluengo donde también ejerció al igual que sus dos hijos Enrique e Ismael. Por ello su datación es imprecisa y podría corresponderse tanto a la primera mitad del siglo XX como a una fecha anterior indeterminada.

Este tipo de yunques, por otro lado, era habitual adquirirlos fuera de la localidad en almacenes especializados.

Su peso sobrepasa los 100 kg. Se divide en tres segmentos. En el centro un prisma rectangular de 37 cm de anchura, 19 cm de altura y 19 cm de profundidad. A ambos lados de él se adosan formando una continuidad en superficie una pirámide no regular de base cuadrada de 28 cm de longitud y un cono de 30 cm de longitud. En la zona de contacto entre prisma central y pirámide se sitúa un orificio circular de 2,5 cm de diámetro. En la zona de contacto entre prisma central y cono se sitúa otro orificio cudrangular de 3 cm de lado.

Esta pieza se inserta mediante una prolongación inferior en un fragmento de tronco de azarollera (posiblemente Sorbus domestica), de 48 cm de altura y unos 38 cm de anchura. Se encuentra en buen estado de conservación.

Este yunque fue adquirido por José María Bernal, herrero de Fortanete, a comienzos de la década de 1950 para sustituir otro más antiguo. Fue adquirido en un almacén especializado de alguna provincia de Levante (Tarragona, Castellón o Valencia) y traido hasta Fortanete en camión. 

Su peso es de 92 kg. Se divide en tres segmentos. En el centro un prisma rectangular de 32 cm de anchura, 15 cm de altura y 15 cm de profundidad. A ambos lados de él se adosan formando una continuidad en superficie una pirámide no regular de base cuadrada y con cara superior en forma de triángulo rectángulo de 22 cm de longitud y 13 cm de anchura en la base, y un cono de 23 cm de longitud. En la zona de contacto entre prisma central y cono se sitúa un orificio cuadrangular de 3 cm de lado. 

Esta pieza se inserta mediante una prolongación inferior en un ancho tronco de madera de pino, denominado pilón, de 56 cm de altura y un máximo de 40 cm de anchura. Se encuentra en buen estado de conservación y en uso.

Los últimos herreros

Los últimos herreros

Todos los herreros se incorporaron al oficio entre 1940 y 1980 y constituyen por eso, nunca mejor dicho, el eslabón final de una larga cadena de experiencia y profundo conocimiento del oficio que se remonta a tiempos inmemoriales.

Los últimos herreros de la comarca del Maestrazgo son: José Cerdán en Cantavieja, Ismael Calvo en Cuevas de Cañart, Emiliano Domingo en La Iglesuela del Cid, Enrique Ferrer en Mirambel y Miguel Gracia en Molinos. También se entrevistó a Bautista y José Manuel Bernal, hijos de José María Bernal, herrero de Fortanete. Podemos acceder a sus testimonios haciendo clic en el nombre de cada uno de ellos.

Muchos heredaron el oficio de su padre, otros lo aprendieron por afición propia, por necesidad o para aprovechar la oportunidad al quedarse ciertos pueblos sin herrero en los años 1960 y 1970.

Hasta el momento de su incorporación fue habitual bien trabajar a contrata (por un precio fijo para todas las faenas que se hicieran para un mismo cliente durante todo el año) o bien ir apuntando cada trabajo realizado hasta cobrarlos de una sola vez hacia san Miguel (29 de septiembre), a veces en especie con trigo, cebada o la parte de un cerdo. Pero estos últimos herreros vivieron la generalización del cobro al contado, e introdujeron el uso de la electricidad con lo que lograron cierto alivio para su pesado trabajo manual.

En la actualidad solo permanece en activo el herrero de Molinos aunque mantiene la forja tradicional como actividad marginal dentro de un taller de tipo industrial.