Vivir en la frontera

La historia de San Juan del Barranco y de las Albaredas

Las masías de San Juan del Barranco en Cantavieja y del barrio de las Albaredas en Portell se encuentran en uno de los parajes más desconocidos y sugerentes del Maestrazgo. Sus gentes nacieron a ambos lados de la línea que separa Teruel de Castellón.

Una frontera casi siempre permeable pero que históricamente fue fuente de conflictos. También una frontera temporal que se traza cuando abandonan las masías los últimos masoveros.

Esta es la historia de las tierras ganadas a los musulmanes, de los enfrentamientos entre el rey y los templarios, de una torre vigilando un barranco, de un comendador sanjuanista y su ermita gótica, de una preciosa vajilla para la comida de la romería, de los apuntes de los chicos en la escuela, y sobre todo de las personas que nacieron y vivieron allí y que han querido que no se perdieran sus recuerdos.

Exposición del Área de Patrimonio Cultural de la Comarca del Maestrazgo.

Sofía Sánchez Giménez, Técnico de Patrimonio Cultural de la Comarca del Maestrazgo y Noelia Navarro Gracia, alumna en prácticas del Master de Museos y comunicación en el Campus de Huesca.

  • El arte
  • El fin del litigio
  • La escuela
  • La frontera
  • La vajilla
  • Las romerías

Los tesoros

Estos son los elementos de especial valor artístico ligados a la historia de la partida de masías de San Juan del Barranco y de las Albaredas. Son ejemplos de arquitectura civil y religiosa y de pintura que se conservan o de los cuales tenemos noticia.

Interior de la Ermita de San Juan del Barranco. Vista tomada desde el altar hacia el coro.

La ermita de San Juan del Barranco

Construida en 1409, es una ermita gótica de una sola nave cubierta con techumbre de madera sobre arcos apuntados y con una cabecera de cinco lados con bóveda de crucería. Tiene coro a los pies y un atrio lateral sobre pilares. Conserva una pila bautismal gótica con escenas de la vida de San Juan. El comendador sanjuanista Gonzalo de Funes, construyó en Cantavieja en 1411 un oratorio, dedicado a San Miguel para albergar su sepulcro, que guarda numerosas similitudes con la ermita de San Juan del Barranco de la cual también es promotor.

El retablo desaparecido

Pocos años después, en 1411-1412 se pudo haber pintado el retablo dedicado a San Juan Bautista y a la Virgen, que se conservó en la Iglesia de San Juan del Barranco hasta la Guerra Civil. De este retablo atribuido al taller de Pere Llembrí solo nos quedan las fotografías que realizó Joan Cabré para el Catálogo de la Provincia de Teruel.

© Fundació Institut Amatller d’Art Hispànic. Arxiu Mas.

El Peirón transformado

Este peirón, dedicado a San Juan Bautista, se encuentra en el inicio del camino a las Albaredas y se asienta sobre las gradas de una antigua cruz de término gótica. El pilar que hay sobre dichas gradas probablemente sea del siglo XVIII.

Todavía fuerte, la torre Camañes

La torre Camañes es uno de los ejemplos más representativos de las torres fortificadas del Maestrazgo. Tiene un claro carácter defensivo y puede que también de vigilancia existiendo como único elemento decorativo una pequeña ventana lobulada.

Las torres-masías es un modelo constructivo que debió comenzar a implantarse en la comarca en la primera mitad del siglo XIV.

Vista de la torre Camañes y construcciones anexas.

Ermita de San Marcos en Las Albaredas. Vista tomada desde el altar hacia el coro.

La ermita de las Albaredas

Es anterior a la de San Juan y desconocemos su origen, pero esta ermita gótica, de una sola nave con techumbre de madera, que se apoya sobre arcos apuntados, es un espléndido ejemplo de una forma de construir muy popular en la Edad Media y que todavía se conserva en construcciones religiosas y civiles (hornos, molinos, etc…) del Maestrazgo. Estuvo dedicada al Salvador aunque cambió su advocación por la de San Marcos.

Los exvotos

En las ermitas de San Juan del Barranco y de Las Albaredas hemos podido encontrar varios exvotos pictóricos y de cera, a modo de ofrenda. La inmensa mayoría están en relación con la enfermedad o el accidente. El dolor, el peligro, la proximidad de la muerte y lo inesperado constituyen las causas frecuentes por las que se ofrecen exvotos. Foto 6: Exvotos pertenecientes a la ermita de San Juan del Barranco.

El fin del litigio

Portell y Las Albaredas dependientes de Morella por un lado; y San Juan del Barranco dependiente de Cantavieja por otro; dibujan una frontera en la que productos, ganados y personas transitaron diariamente, estableciendo intercambios comerciales y humanos que enriquecieron la vida de las poblaciones y masías a ambos lados de la línea. Pero dicha marcación tardó en fijarse definitivamente.

Mojón en el camino desde San Juan a Cantavieja para marcar las lindes de los campos

Las disputas por las tierras y lindes

La conflictividad entre Cantavieja, Morella, Portell e Iglesuela del Cid por cuestiones de lindes y de tierras cuyos derechos de propiedad resultaban confusos en la Edad Media, no es un fenómeno específico entre estos territorios, ya que surgió al amparo del proceso de repoblación y colonización que se observa en la Península Ibérica desde el siglo XIII.

Las masías en la configuración del territorio

Las masías configuraron, al menos desde las cartas de población, una red de asentamientos dispersos alrededor de las villas. No es habitual que su destino sea de ocupación permanente sino para el momento álgido de la cosecha, o en una vinculación con los pastos alejados de la población. De esta manera, el proceso repoblador, que llevaba consigo la intensificación del aprovechamiento del suelo, provocaría la colisión inmediata con otras poblaciones vecinas obligando a la delimitación de los dominios territoriales mediante sucesivos amojonamientos en las partidas más disputadas.

Masía Narvadas

Despacho en razón del pleito del comendador y sus vasallos de Cantavieja con los vecinos de Morella, sobre los términos de Portell (de Morella) y de la Iglesuela (del Cid). Lérida 1282. Archivo Corona de Aragón

Comienzo del enfrentamiento entre Cantavieja y Morella

Tras la conquista de Morella y el dominio del rey Jaime I, de los territorios conquistados por Blasco de Alagón debió de iniciarse un litigio con los Templarios de Cantavieja por la división de términos entre Portell y La Iglesuela. La fijación de la frontera será fuente de conflictos desde finales del siglo XIII hasta principios del XV.

El nuevo amojonamiento

A comienzos del siglo XV, Morella y Cantavieja seguían enfrentados por la fijación de los términos. En 1407 se vuelve a marcar un nuevo amojonamiento, respetando los mojones que ya existían, probablemente desde la época de Jaime I. Conocemos el desarrollo de los acontecimientos gracias a un documento conservado en el Archivo Notarial de Morella que establece con precisión donde se han de construir los mojones desde la partida de «L’ Alcantariella» en el Río de las Truchas hasta las Albaredas.

Documento del Archivo Notarial de Morella del notario Antoni Esquerdo 1407. Donde se fija definitivamente el límite entre el Castillo de Morella y la Bailía de Cantavieja

Exterior de la Ermita de San Juan del Barranco

Con la Ermita de San Juan del Barranco

Para zanjar la disputa definitivamente, en 1409 el arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, mediador en el conflicto, da permiso al comendador de la bailía de Cantavieja y Aliaga, Gonzalo de Funes, para que construya una ermita dedicada a San Juan del Barranco en la partida de Las Albaredas. Esta ermita contribuyó a promover el poblamiento por los de Cantavieja y a señalar definitivamente por donde discurría la frontera.

El tiempo en la escuela

La escuela era el lugar donde la frontera histórica y administrativa se diluía completamente. La amistad o las trifulcas de los niños de la escuela no dependían de la procedencia de cada uno. Recuerdos de grandes amigos, de buenos y malos profesores, de los recreos en el río, de la limpieza los sábados… son guardados especialmente por los que asistieron a las clases de la escuela mixta de Casas de San Juan.

La puerta de la escuela con el escudo de Cantavieja

La escuela

La escolarización en las masías era tan habitual como en cualquier otro sitio. Los niños desde los 7 hasta los 12 años acudían a la escuela de las Casas de San Juan, incluidos los de Las Albaredas, donde tenían clases de lunes a sábado por la mañana. Se trataba de una escuela unitaria y mixta, donde tenían cabida tanto las matemáticas como las labores del hogar. Como había alumnos de diferentes edades, algunas profesoras como María del Carmen Monforte, organizaban actividades en grupos, en función de la edad, y algunas conjuntas, como las clases de dibujo.

El horario escolar

Por la mañana las clases comenzaban a las 9h. hasta las 11h. que se salía al recreo. Se almorzaba detrás de la escuela en un banco corrido que todavía existe, todos sentados. Volvía a haber clase hasta las 13h. que se salía a comer entrando nuevamente a las 15h. En el rato de la comida, la mayoría de los niños se quedaban jugando en los alrededores de la escuela o en el río, ya que el camino de vuelta a la masía era largo y no daba tiempo de ir a comer. Además de las diferentes materias impartidas en la escuela, los jueves por la tarde las niñas aprendían a bordar y los niños pintaban o leían cuentos.

alumnos y profesor

Alumnos y profesora en el año 1946

La clase en la actualidad

El mantenimiento

Cuando el invierno llegaba era necesario encender la estufa que era alimentada con leña que aportaban los padres de los niños por turnos. Para que la escuela estuviese en condiciones, los propios niños eran los encargados de limpiarla, así como de encender la estufa, siempre los que primero llegasen. Cada sábado le tocaba a un niño diferente rezar el rosario, después se barría y limpiaba la clase para que estuviera en buenas condiciones para empezar la semana.

El inventario

De la escuela queda una buena colección de libros para los alumnos y el maestro, un par de pupitres, la pizarra y los cuadros todavía “Presentes” en la pared, de Franco y Primo de Ribera y el reloj que marcaba la hora de salir a almorzar. Pero falta el botijo con el agua fresca para los chicos, la estufa para calentarse, el sello de la escuela mixta, la tarima y la mesa del maestro, el compás, la regla y el cartabón de madera, el timbre, la esfera terrestre, la colección de mapas.

Selección de los libros que se han conservado en la escuela

Explicación del misterio de la Santísima Trinidad en la conocida “Enciclopedia Álvarez”

La religión en la escuela

Los años posteriores a la Guerra Civil se intensificó la enseñanza de la doctrina religiosa en la escuela y puede que en las Casas de San Juan este adoctrinamiento fuese más marcado ya que la ermita no tenia culto excepto los días de fiesta y algunas celebraciones se llevaban a cabo dentro del aula. Por ejemplo en mayo se hacía un pequeño altar con una mesa y un cuadro de la Virgen. Por la tarde, antes de salir de la clase los niños llevaban flores al altar, rezaban y cantaban a la Virgen. Es abundante la bibliografía que queda entre los fondos de la escuela: «Catecismo explicado con gráficos y ejemplos» «Daniel Llorente, Valladolid 1944, Compendio de Historia de la Religión» Comisión catequística Diocesana de Zaragoza, 

Zaragoza, 1932.

Procedencia de los alumnos

Tenemos varios registros de los niños de la escuela donde podemos conocer la procedencia de todos ellos. El más antiguo de los registros nombra a los niños nacidos entre 1930 y 1936. Había matriculados 35 pertenecientes a las Casas de San Juan y Las Albaredas además de las siguientes masías: Torre Julve, Mas de Monserrate, Mas de Soler, Los Cerezos, Mas de Oset, Mas de Luis, Torre Camañes, Torre Altaba, Mas Nuevo, Mas de la Loma, Mas de la Escuela, Mas de Morraja, Mas de las Casetas, Mas de Soler.

Matrícula escolar de los alumnos nacidos entre 1930-36

La frontera

La fijación de términos de las localidades del Maestrazgo próximas a Castellón, fue decisiva para los posteriores ajustes de circunscripciones administrativas y de fronteras históricas. Pero todo comienza durante el reparto de los territorios conquistados a los musulmanes y su posterior donación a la Orden del Temple.

Vista de La Cogullada con el muro que divide Teruel y Castellón

La Cogullada. Primeros pasos de la conquista

En 1194 la Orden del Santo Redentor recibía un donativo del rey Alfonso II que incluía algunos lugares identificados como Villarluengo, Olocau, La Cuba, Cogullada (entre Cantavieja y La Iglesuela), La Cañada de Benatanduz, Pitarque y Ejulve.

Cantavieja templaria

En 1212 Pedro II reconoció la posesión templaria y otorgó formalmente términos a la encomienda de Cantavieja, ratificando la donación o privilegio real de franquicia a los pobladores presentes y futuros para favorecer su repoblación. En 1225, Fray Folco de Mont Pesat, lugarteniente de la milicia templaria en la península concede carta de población fijando los términos.

Vista de Cantavieja

Vista de Portell

Portell… de Cantavieja antes que de Morella

En el reconocimiento de Pedro II de la posesión templaria a Cantavieja de 1212 se describe La Mata y Portell como parte del término de la bailía templaria de Cantavieja. Y así seguirán hasta el poblamiento de Morella por Blasco de Alagón en 1232.

El río de las Albaredas limite en las cartas puebla

En las cartas puebla de La Iglesuela y La Cuba, concedidas en 1242, aparecen el río de las Truchas y el río de las Albaredas (hoy río de La Cuba) y el “forcallo de La Cogullada”. En 1250 el rey Jaime I ratifica el término general de Morella y nombra el río de las Albaredas.

El río de La Cuba al pasar por San Juan del Barranco

Vista de Morella

Morella exigida por Jaime I a su conquistador Blasco de Alagón

En 1232 Morella es arrebatada a los musulmanes por Blasco de Alagón y después alguna resistencia pasa a manos del rey Jaime I. En la carta-puebla concedida por Blasco de Alagón en 1233 ya se nombra Portell como perteneciente a Morella.

El fin de los Templarios

En el verano de 1308 los castillos templarios de Cantavieja y Castellote, después de varios meses de asedio, se rinden frente a las tropas del rey Jaime II. Las posesiones templarias pasan a manos de la orden de San Juan de Jerusalén. Alguna correspondencia entre los comendadores de las bailías de Cantavieja y Castellote dirigidas al rey durante el asedio, muestran el desarrollo de los acontecimientos.

Castillo templario reformado en las Guerras Carlistas

La vajilla

La vajilla de San Juan del Barranco es un valioso conjunto de cerámica procedente de obradores aragoneses. Platos, escudillas, cuencos y vasos de cerámica turolense junto a la ollería del obrador de Cantavieja servían para preparar y servir la copiosa comida con la que se agasajaba a las autoridades el día de la fiesta de San Juan.

Taza decorada en azul cobalto con las iniciales (S:N J.N)

Las vajillas de cofradía

Las vajillas de cofradía (como las dos conservadas en la comarca del Maestrazgo procedentes de la ermita de San Juan del Barranco y de la ermita del Cid en La Iglesuela) fueron habituales en todas las ermitas de gran devoción popular, a las que se iba desde puntos distantes en su fiesta anual y en las que los devotos pasaban el día. Anualmente las piezas que se rompían se iban reponiendo, lo que explica que haya piezas de diferentes fechas.

Ollería de Cantavieja

En 1886, el cronista turolense Pedro Pruneda citaba los productos de alfarería de Cantavieja entre los más destacados de su provincia, explicando que como el resto de cerámica turolense, una parte se consumía en la localidad y contorno, enviándose el resto a Castellón. Esta alfarería de cántaros y ollas duró hasta el siglo XX, siendo el último alfarero conocido Simeón Zurita Altabás.

Puchero de cerámica común, bañado con barniz de plomo. Elaborado en Cantavieja

Cerámica de Teruel

Plato decorado en azul cobalto con las iniciales (S:N J.N)

El conjunto cerámico de San Juan del Barranco conservado en Cantavieja, procede casi totalmente de los obradores aragoneses. El mayor número de piezas (platos de diferentes tamaños, escudillas o cuencos y vasos) proceden de Teruel, y son de mediados o la segunda mitad del siglo XVIII. Se trata de una vajilla cubierta con esmalte de estaño y decorada en azul de cobalto, con las iniciales alusivas al nombre de la ermita (S.N. J.N.: San Juan) y paisajes con árboles de fronda esponjada y pájaros, una temática muy habitual en las cerámicas turolenses de la época.

Vinagrera decorada en azul y morado

Se conserva además otra pieza de Teruel más tardía, una vinagrera decorada en azul y morado realizada con óxidos de cobalto y manganeso sobre esmalte blanco de estaño con motivos sencillos, muy habituales también en las vajillas turolenses del siglo XIX.

Cerámica de Manises

Hay una sola pieza de Manises, una jarra del siglo XIX pintada en azul, con la forma bitroncocónica característica de este alfar valenciano, que viene a corresponder con la decadencia de las producciones turolenses y la gran difusión de las cerámicas
levantinas por todo Aragón.

Jarra de ceramica de Manises

Bibliografía

Álvaro Zamora, María Isabel, Cerámica aragonesa, Zaragoza, Ibercaja, 2002, volumen 3, pp. 247-249, figs. 761, 762 y 765)

Álvaro Zamora, María Isabel, Alfarería popular aragonesa, Zaragoza, Libros Pórtico,
colección Estudios, 6, 1980, pp. 203-204, figs. 144 y 145, lám. 18.

Romería al Cid desde la Iglesuela el 20 de mayo del 2013, con el tradicional reparto de panes.

Las Romerías

Las romerías podrían definirse como peregrinaciones hacia un lugar sagrado esperando la intercesión de un poder
sobrenatural que escuche y cumpla nuestras peticiones. Pero además puede considerarse también como un acto social, donde divertirse y relacionarse. Así son las que reunían a las gentes de Las Casas de San Juan del Barranco,  Las Albaredas, Cantavieja, Portell o La Iglesuela. 

Interior de la ermita de San Juan del Barranco

Los de Cantavieja iban a la ermita de San Juan del Barranco

El último lunes de abril, el ayuntamiento de Cantavieja nombraba un número determinado de hombres que tenían la obligación de participar en la romería. Si alguno de los que habían sido nombrados no podía asistir, pagaba a otro para que fuese en su lugar. Por la mañana se recibía a la procesión con chocolate, rollo y aguardiente. El mayoral se encargaba de hacer la comida para los que venían de Cantavieja, matando una oveja para la ocasión. Luego se servía en la lujosa vajilla de San Juan.

Los de Portell iban a la ermita de San Marcos

Para San Marcos el 25 de abril, se iba desde Portell a la ermita de San Marcos en las Albaredas Los de las Albaredas esperaban la procesión que llegaba de Portell con peanas y pendones. Todavía hoy se celebra esta romería en el mismo día. Por el camino se bendicen algunos puntos emblemáticos del término y se reparte el rollo en la «Creu del Rollet». Según las memorias de Filipa Belles, el origen de esta romería estaría en el ruego de los de Portell para librarse de la peste.

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Vista exterior de ermita de San Marcos en Las Albaredas en día de romería. Autor: Luis Puig

Sala de los Barranqueros en la ermita del Cid. Era usada en la comida de la romería de los de San Juan del Barranco y Las Albaredas hasta la ermita del Cid

Los de San Juan y las Albaredas iban a la ermita del Cid

El 1 de mayo se celebraba misa en San Marcos y ese era el primer punto de reunión para los peregrinos. Salían desde Las Albaredas pasando por San Juan del Barranco, donde se celebraba otra misa, y se seguía hasta la ermita de la Virgen del Cid en La Iglesuela. Se dice que el origen de esta romería tenía por finalidad rogar para evitar que siguiesen desapareciendo chicas jóvenes en las masías del Barranco. El conocido «camino de los Barranqueros» que era el seguido por éstos en el tramo de La Iglesuela Todos los de las masías cercanas acudían a la romería: las masías de Peñarroyas y la Torre Trullén, el mas de Moles, el mas de Camañes, el mas de las Monjas, mas de Guimerá, más de la Costera, mas de la Fresca, las casetas de la Albareda … Entre los gastos que costeaban los del Barranco están los pagos a los curas de Cantavieja y La Iglesuela, sacristanes y cantoras, el ermitaño y los monaguillos. También los de Cantavieja iban al Cid el primer lunes de mayo .