Iglesia del convento de las Concepcionistas Franciscanas de Cuevas de Cañart

S.XVII
Categoría: BIENES INMUEBLES
SubCategoría: ARQUITECTURA RELIGIOSA
SubSubCategoría: Iglesias

El Convento de Concepcionistas Franciscanas de Cuevas de Cañart se fundó a partir del de franciscanas de Montesanto en Villarluengo. Este primer convento de Villarluengo surge asociado al relato de una aparición mariana. Su fundadora Sor María Balfagón, que pudo ser procedente de Las Cuevas de Cañart, se desplazó desde Valencia para iniciar la vida conventual junto a una pequeña comunidad de monjas a mediados del siglo XVI. 

Al margen de los servicios que aportaban las comunidades religiosas, su presencia suponía un gran prestigio a la localidad. La existencia de dos conventos de gran entidad arquitectónica en una localidad pequeña como lo fue Cuevas, que en la primera mitad del XIX tenía solamente 300 vecinos, resulta llamativa. El de las monjas fue promovido por un noble y ocupó una importante superficie muy cercana al centro de la localidad. 

Las monjas vestían túnica y escapulario de paño blanco. Manto o capa de paño azul, con una imagen de la concepción bordada en el hombro derecho. Rosario de granos negros al cuello. Cordón con medalla de bronce con la Concepción en una cara y san Francisco con sus llagas en la otra. Calzaban alpargatas. 

Sor Delfina de Jesús, procedente del convento de Monte Santo, funda el Convento de la Purísima Concepción de Cuevas de Cañart, junto a otras dos monjas. En principio iba a ser, Sor Potenciana, pero muere antes y es sustituida por sor Gertrudes Casanova que se sumará a sor Josefa de Pedro y Vidal. 

Domingo Bellido, emparentado con la familia De Pedro, dispone en su testamento, del 26 de julio de 1662, que a partir de sus bienes se funde un convento de religiosas. En este empeño empleó todos sus bienes. 

El convento es fundado con licencia del arzobispo de Zaragoza, D. Francisco de Gamboa en 10 de septiembre de 1668 y consentimiento del comendador de Castellote, D. Ramón Perellós. Las obras del convento duraron ocho años, del 26 de marzo de 1669 hasta 1677. 

Como la mayoría de los conventos, contaba con una portería que daba acceso a un patio que distribuía las estancias. En este convento, desde el patio se accede a la iglesia. La fachada de la portería se abre en arco de medio punto moldurado. Sobre este hay dos vanos redondos que flanquean una hornacina enmarcada con una esculturita de la Inmaculada Concepción cuyo origen desconocemos. Bajo la hornacina hay una placa cerámica señalando: “Convento de monjas franciscanas”.

Las celdas y otras dependencias conventuales se distribuyen a través de dos volúmenes. El anejo a la iglesia y el que forma patio con ella. El segundo está compuesto de cuatro pisos de altura flanqueado por dos torreones que se elevan un poco en altura y se usaron como palomar. En el piso superior están las celdas con pequeñas ventanas cuadradas que permiten airear las estancias pero aportan poca luz y dificultades para ver el exterior. En los pisos inferiores o en los torreones las ventanas son más amplias correspondiéndose con espacios de uso común o celdas de mayor empaque. El convento de monjas fue vendido y pertenece a un particular que lo usa en parte como instalación ganadera. No se ha podido acceder, por lo que no podemos aportar una información más precisa. 

Ya en el interior encontramos la iglesia de una sola nave de bóveda de medio cañón con lunetos. Conecta mediante arcos formeros a las capillas abiertas en los laterales. Todavía se conservan las claves doradas que decoran el centro de cada tramo. 

Las dos capillas más importantes y cercanas al altar se cubren con pequeñas cúpulas de media naranja y las pechinas se decoran con relieves vegetales en yeso. Las capillas laterales estaban dedicadas a San Francisco Javier y Santa Catalina. En la segunda se enterraron las familias De Pedro y Cascajares. 

A los pies se encuentra el coro en alto con la reja propia de los conventos de clausura y en el lado izquierdo un balcón barroco con barandilla de madera donde estaría el órgano. 

El presbiterio se separa de la nave mediante tres gradas. El altar mayor es de dos cuerpos con pilastras estriadas y se decoran con volutas. Todo ello aparece con colores claros y dorados. En el lado derecho hay un pequeño cuartito que conecta con las dependencias de las monjas que servía de confesionario. 

Todo hace referencia a la Inmaculada Concepción, desde el color azul cielo de las paredes a inscripciones, como la que encontramos en el arco que separa el presbiterio “Tota pulchra est Maria”, que hace referencia a la Imagen de la Concepción y las Letanías de la Virgen, con el lema: “Tota pulchra es amica mea et macula non est in te”. Algunas de estas letanías aparecen representadas en el púlpito que podemos apreciar en el lado del evangelio. Así podemos encontrar a María representada como palmera, lirio entre cardos, torre de David, pozo de aguas vivas y ciprés. 

El suelo está compuesto de losas de barro intercaladas con cenefas de cerámica decorada en azul, blanco y amarillo.

Autor: Sofía Sánchez y Adriana Germán