El lavadero de la Fuente del Gallo en Tronchón estaba arruinándose, pero hace un par de años ha sido restaurado con mucho acierto, por iniciativa municipal.
Está ubicado en el lugar donde convergen los dos barrancos de La Matilla y Los Quiñones y el camino que sube a Las Suertes Viejas. Todas estas fincas que conforman los barrancos están divididas en pequeñas parcelas de manera que casi todos los vecinos del pueblo son propietarios de alguna.
Según nos cuenta Roberto Rabaza, en Los Quiñones había más huerta porque tiene más agua y en La Mantilla parcelas de cereal. Allí iban a lavar las mujeres, especialmente si querían un agua más limpia porque había menos afluencia al estar más lejos del pueblo que los otros.
Como el lavadero contiene el agua de una surgencia subterranea, es especialmente pura y está unos 3 grados más que el agua superficial del río o de los otros lavaderos. En invierno era más atractivo venir aquí a lavar. También contribuye que está orientado al sur y le da el sol bastante y a contraterreno protegido del viento.
La restauración ha respetado los materiales originales y ha repuesto lo deteriorado con lo mismo, maderos de pino y chopo, cañizos y teja árabe para cubrirlo. Tiene dos paredes y el tejado a una vertiente sostenido por un pilar de piedra bien tallada. Apoya en la pared del bancal que tiene forma curva y es de piedra seca.


