Los últimos herreros del Maestrazgo

El oficio de herrero fue durante mucho tiempo una ocupación imprescindible para un pueblo, de manera que prácticamente todos tenían una herrería. Los municipios incluso fomentaban - con la donación del fuelle o "mancha" - el asentamiento de un artesano de estas características para que la población pudiera contar con los innumerables servicios y productos que esta figura traía consigo.

A partir de 1855 es cuando podemos situar su declive produciéndose la desamortización y subasta de las herrerías que dejaron de contar con la protección tradicional. Los herreros eran los productores de una gran cantidad de utillaje que se empleaba tanto en la cotidianeidad del hogar así como mayoritaria y dependientemente, en el resto de oficios.

En este sentido, la agricultura estaba estrechamente vinculada con la actividad de los herreros, la elaboración de herramientas así como el herrado de las caballerías, era una tarea imprescindible que el herrero realizaba. Incluso, dadas las características del poblamiento, el herrero partía hacia las masadas con el fin de facilitar in situ, las herraduras y herrado de los animales durante el estío.

La herrería como local, tuvo una fuerte función de reunión social en los pueblos. Durante el invierno, era un espacio cálido en el que poder encontrarse un buen número de personas para conversar.

La Comarca del Maestrazgo ha recopilado a través del trabajo del etnólogo Félix Rivas, esta labor indisociable y necesaria a todo asentamiento humano para explicar la forma de vida más reciente, previa a la segunda industrialización. Se vale para ello de la entrevista y elaboración documental basada en los testimonios de los últimos herreros de la Comarca (Cantavieja, Cuevas de Cañart, Iglesuela, Mirambel y Molinos). El valor de su información, como últimos eslabones de una trayectoria y probablemente como últimas personas en activo de su oficio, es incalculable.





Los últimos herreros

Todo los herreros se se incorporaron al oficio entre 1940 y 1980 y constituyen por eso, nunca mejor dicho, el eslabón final de una larga cadena de experiencia y profundo conocimiento del oficio que se remonta a tiempos inmemoriales.

Los últimos herreros de la comarca del Maestrazgo son: Ismael Calvo en Cuevas de Cañart, Emiliano Domingo en La Iglesuela del Cid, Enrique Ferrer en Mirambel, Miguel Gracia en Molinos. Muchos heredaron el oficio de su padre, otros lo aprendieron por afición propia, por necesidad o para aprovechar la oportunidad de quedarse ciertos pueblos sin herrero en los años 1960 y 1970.

Hasta el momento de su incorporación fue habitual bien trabajar a contrata (por un precio fijo para todas las faenas que se hicieran para un mismo cliente durante todo el año) o bien ir apuntando cada trabajo realizado hasta cobrarlos de una sola vez hacia san Miguel (29 de septiembre), a veces en especie con trigo, cebada o la parte de un cerdo. Pero estos últimos herreros vivieron la generalización del cobro al contado, e introdujeron el uso de la electricidad con lo que lograron cierto alivio para su pesado trabajo manual.

En la actualidad solo permanece en activo el herrero de Molinos aunque mantiene la forja tradicional como actividad marginal dentro de un taller de tipo industrial.

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Las herramientas

Se conocen dos tipos de herrerías en el Maestrazgo. Uno era un local dedicado exclusivamente a esta actividad y que solía contar al lado con un porche abierto para herrar las caballerías. Es posible que este tipo sea el más antiguo y, de hecho, en dos ejemplos (Fortanete y Pitarque) se conserva la baldosa de cerámica de finales del siglo XIX en la que se identificaba el uso del local como herrería.

El otro era simplemente el corral o el patio de la planta baja de una vivienda que se adaptaba para su uso como lugar de trabajo. De cualquier modo siempre suele ser un espacio con escasa iluminación, a veces solo la de una ventana, la de la puerta si permanecía abierta y la del fuego de la fragua.

Precisamente gracias a este fuego, las herrerías eran en invierno de los pocos lugares públicos donde reinaba buena temperatura por lo que podía convertirse en lugar de reunión y tertulia improvisada entre algunos vecinos.

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